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¿Y si la carencia fuera una frecuencia con la que puedes elegir no sintonizar?

¿Y si la carencia fuera una frecuencia con la que puedes elegir no sintonizar?

Desactivando la frecuencia de carencia y reconectando con la abundancia natural

Cómo reconocer que la escasez es un programa mental aprendido y no una realidad, para recuperar tu conexión innata con la abundancia que la naturaleza ofrece constantemente

En este parte del año tras el «atracón» de las Navidades, es frecuente que nos aborden pensamientos negativos o limitantes. Los medios tradicionales no ayudan mucho al recordarnos mañana, tarde y noche la famosa «cuesta de enero». Entre estos pensamientos negativos hoy queremos abordar en Cuentamealgobueno uno de los programas mentales más limitantes: la carencia o conciencia de carestía.

Y aquí va la primera revelación:

La carencia no es una realidad. Es una frecuencia.

Y es algo con lo que has sido entrenado (no con lo que has nacido) para resonar.

 

La provisión infinita de la naturaleza

Porque aquí está la verdad: Todo lo que existe tiene su origen en la Madre Tierra.

Del suelo. De los elementos. De los éteres.

Incluso lo que ha sido fabricado, destilado y estructurado, cada una de sus partes siempre estuvo aquí.

Oro, plata, cobre, litio, cuarzo, tierras raras… la naturaleza todavía los produce.

La Tierra nunca ha dejado de crear.

 

El contraste entre abundancia natural y escasez artificial

Y sin embargo, mientras la Tierra da libremente, los sistemas financieros imprimen dinero sin respaldo alguno, simulando escasez para mantener el control.

El dinero no tiene valor intrínseco, solo velocidad de intercambio.

No se trata de lo que vales, sino de rendir culto a un sistema que prospera con tu sensación de carencia.

No es valor, es velocidad.

El dinero en el sistema financiero moderno no tiene valor real (no está respaldado por oro ni recursos tangibles), sino que funciona por velocidad de circulación. Es decir, el dinero fiat mantiene su «valor» porque circula rápido, no porque tenga un valor intrínseco.

No es valía, sino adoración a un sistema que se beneficia cuando te sientes carente: realmente no se trata de tu valía personal, sino de la adoración ciega a un sistema que se beneficia de tu sensación de pobreza.

La carencia no tiene que ver con lo que falta, sino con lo que se olvida.

Reconocer y transformar el programa de escasez

La frecuencia de la carencia es la forma en que los condicionamientos mentales te mantienen pequeño, necesitado y dependiente.

Así es como te enseñan a cambiar tu derecho de nacimiento por migajas.

Pero la abundancia no es algo que se gana, es algo que se recuerda.

No es una recompensa: es una resonancia.

Tú decides con qué frecuencia vas a sintonizar.

No con afirmaciones vacías, sino con el conocimiento encarnado de que la naturaleza provee porque es su esencia.

 

El cambio de consciencia

Así que aquí está la clave para transformar nuestra propia realidad: Cuando la carencia aparece, no la alimentes.

Sé testigo de ella.

Llámala por su nombre.

Y elige no aceptarla.

Porque la carencia fue siempre otro programa aprendido.

¿Y tú? Siempre fuiste el verdadero heredero o heredera de la abundancia.

 

Referencias y lecturas complementarias

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