Por. Arami Garit Hernández

«Madrid-Puerta de Atocha-Almudena Grandes», anuncia su próximo tren con destino a «Estacion de Ávila-Teresa de Ávila».  Suena encantador a mis oídos con las piernas estiradas, mochila en el suelo y ojos apretados sobre los pómulos. Corro desesperado al anden vacío, silente, era un sueño, uno de esos que repito insaciablemente en mi encéfalo. No confundamos a Bucéfalo, caballo  de Alejandro Magno. Pero los sueños,  sueños son y Calderón de la Barca no va en ese tren. Deseo en este siglo de oro que me escuchen los poetas de la vida y al despertar dentro de ésa bola de hierro sea el maquinista quien me diga » Señor,  ha llegado a «Estación de Ávila-Teresa de Ávila». Desea  bajar al andén?.

El hijo de Zeus y la hija de Ávila

Ponemos nombre a todo lo que suena,  respira, vuela, corre y se disipa en las nubes. Siglos y siglos en pergaminos,  papiros y libros forrados con la piel animal del recuerdo. Hemos puesto nombre a todo, a veces jugando al sustantivo escondido, al pronombre del sacerdote escribano. Me detengo y os cuento además algo que no es un simple sueño y que sin querer me hace pensar. Pudimos haberle llamado los «Postes de Hércules»,  la historia le llamó columnas. Pudimos haberle llamado las «Cuatro columnas de Ávila», se les llamó Postes. La diferencia va en su forma. Cilíndrica de piedra, estructural o de madera. Al fin y al cabo material terrestre creado por Dios y por el hombre.
La historia también la cincelamos, la transformamos, la moldeamos envuelta en fábula  o transformada en una leyenda rodante en la historia de los siglos, en la rueda partida en continentes que rota y se traslada en espiral concentrica. Eso que llamamos Tierra.
La diferencia está en lo divino y lo escrito. En lo soñado y lo materializado. Hércules señaló en dos columnas el paso al fin del mundo. Ése estrecho entre dos continentes. Los Cuatro Postes representan el suplicio de Teresa. Allí la encontró su tío, dicen, para martirizarse en tierra de Moros. Ella ahora es Santa. Hércules fue semidiós. Si cambiamos la historia quizás encontremos paralelismos, o quizás no. Estamos acostumbrados a tejerla a nuestro antojo. De aquel guerrero no queda más que un estrecho, donde se erigieron gestas y ahora llaman de Gibraltar. Fue maravilla, una de las siete. Ruta del éxodo, puente de un destino al arcaico continente.

De los cuatro postes; una vista maravillosa de una ciudad, un hotel y unas escaleras de piedra irregular que indican su destino no apto para personas con una movilidad reducida. Unos peldaños que pudieran ser al cielo con permiso de Led Zeppelin. Adaptemos nuestro patrimonio a estos tiempos que ya no son los de Hércules y unas escaleras mecánicas nos harán ver por igual las maravillosas vistas de un patrimonio que es Íbero. Nos hará ver mejor las nubes que se amansan en los tejados de una ciudad  encerrada en la lámpara de aladino. O mejor dicho, encapsulada en el muro sólo frotado por el frío y la niebla de los años.

Arami Garit Hernández
Actor, cantautor, escritor, profesor de artes escénicas. Oriundo de una Cuba que pierde a sus hijos.