Un estudio demuestra el poder de ser optimista

Las Universidades de Jacksonville (Florida) y de California-Davis han llevado a cabo un estudio que demuestra que los más pequeños son conscientes de que el pensamiento positivo les hará más felices y en esta tarea parece que los padres desempeñan un importante papel.

Niños y niñas con actitud positiva

El optimismo de los niños puede ayudarles a entender cómo influyen los pensamientos en las emociones, siendo los progenitores una pieza clave para que los niños aprendan a usar el pensamiento positivo para sentirse mejor ante situaciones difíciles.

Con tan sólo cinco años se dan cuenta de que las personas con pensamiento positivo se sienten mejor que aquellas con ideas más negativas y, según van creciendo, entre los cinco y los diez años, aumenta su conciencia sobre cómo las reflexiones internas pueden modificar las emociones incluso ante circunstancias objetivamente negativas.

Para llegar a estas conclusiones, han participado en el estudio noventa niños comprendidos entre estas edades, los cuales escucharon seis historias ilustradas en las cuales había dos personajes, uno optimista y otro negativo. Ambos vivían por separado una experiencia positiva, como conseguir un nuevo cachorro, una negativa, ej. derramar leche, o ambigua, como una reunión de un nuevo profesor.

Los investigadores pidieron después a los niños que juzgaran las emociones de cada personaje, captando perfectamente la diferencia al darse cuenta que el primero se sentía mejor independientemente de la experiencia que viviera. Los niños entendían así que “pensar en positivo mejora las emociones y la negatividad”.

La importancia de los padres

La investigación estadounidense también refleja hasta qué punto puede ayudar el optimismo y la esperanza de los padres en sus hijos. Según los autores del estudio, estos dos aspectos proporcionan más habilidades al pequeño para entender el poder del pensamiento positivo. Como asegura Christi Bamford, una de las responsables del trabajo y psicóloga en la Universidad de Jacksonville, “aparte de la edad, lo que más ayuda a un niño a conocer los beneficios del pensamiento positivo es el nivel de esperanza y optimismo de sus padres”.

Los investigadores vieron, no obstante, que a los pequeños les costaba más comprender cómo el pensamiento positivo podía ayudarles en situaciones negativas como caerse y hacerse daño. En estas situaciones era fundamental la actitud del padre para que el niño captara la importancia de afrontar los problemas también con optimismo.

La psicóloga lo ve en su consulta. “Veo padres tristes, que no se emocionan por nada y dejan que pase el día. Esos niños, a menos que tengan otras influencias, probablemente tomen esa misma actitud. Al fin y al cabo, aprendemos de lo que vemos y escuchamos, entre otras cosas”. Y agrega: “Especialmente entre los cinco y los 12 años, los padres tenemos mucha capacidad para influirles y ellos tienen una enorme facilidad para adaptarse. Podemos ayudarles a ser más felices a pesar de las experiencias difíciles que les toque vivir”.

El estudio se ha publicado en Journal Child Development y la noticia la hemos encontrado en El Mundo. Fotografía de Lighttruth.