“Ser ciego no tiene que ser un problema para conseguir sueños y metas”

Albolote (Granada), 31 de diciembre de 2012

Oscar Linde es un joven invidente de Albolote que se ha convertido en ejemplo de superación individual de barreras físicas y mentales

Ha ganado la batalla a muchas trabas que como a él impone la sociedad a quienes no están en situación de valerse por sí mismos en igualdad de condiciones al ser “ciego”

Oscar Linde con su perro guía - Fotografía de Antonio Mansilla

Oscar Linde con su perro guía – Fotografía de Antonio Mansilla

Antonio Mansilla Albolote

Oscar Linde Fernández a sus 26 años de edad, es el joven alboloteño invidente más famoso, respetado y querido por los ciudadanos de la localidad. Su especial atención a los ciudadanos, su afán de superación, su alegría de vivir, su paciencia, y sobre todo su espectacular fuerza para salvar todos los obstáculos que le ha puesto la vida por ser invidente, y que ha conseguido superar cada día que se levanta, le ha llevado a estar considerado como un ejemplo a seguir, por cualquier persona que lo conoce.

Por ese tesón y la sonrisa que le caracteriza, se ha ganado el respeto de todas y todos los alboloteños a los que les regala la ilusión de vivir con la esperanza de que les toque un premio de la Once cada día. Su trabajo está en el quiosco o punto de venta de la Organización Nacional de Ciegos Españoles, situado en la calle Granada de Albolote, en el que lleva siete años. Oscar Linde es un invidente de Albolote que lucha de forma continuada con su ejemplo, cariño, amistad, respeto, reflexión, y sobre todo con la palabra, a educar a los demás para conseguir la supresión de barreras físicas y mentales que son impuestas por la sociedad a quienes no están en situación de valerse por sí mismos en igualdad de condiciones.

Para mucha gente Oscar es el ejemplo de la superación individual de estas barreras, ya que no se ha quedado en el intento, sino cada día supera más obstáculos difíciles, y a su edad, ha llegado a un punto de satisfacción ejemplar, que le hace ser uno más en la sociedad, sin que la ceguera sea impedimento alguno para su superación individual. Hijo de una invidente, y de un deficiente visual, sus padres, también vendieron cupones de la Once, hace años. Desde pequeño, siendo invidente de nacimiento, lo matricularon en el Colegio Ave María de Albolote, como un alumno más. Pero el esfuerzo no era el de cualquier niño, sino que el no poder ver ni estudiar leyendo con la vista, le hizo ser más fuerte, y desarrollar otras habilidades. Hasta los dieciséis años, estuvo en el colegio de Albolote, en las clases normales, con sus compañeros y compañeras, aunque reconocerá toda su vida que sin la ayuda de los profesores de apoyo de la Once, no hubiese podido salir a flote, y comenzar el bachillerato.

Era duro no poder ver la cara de los otros niños, y tener siempre que estar imaginando como eran, pero al final “te acostumbras a su descripción, sobre todo con los que hay confianza y al palpar sus facciones, sabes cómo es”, puntualiza. Aprendió pronto con estos profesores de educación especial, el sistema Braille, por lo que se sabe de memoria, que fue en 1825 cuando Luis Braille ideó este sistema a partir de puntos en relieve, que le ha permitido aportar a las personas ciegas, como él, una herramienta válida y eficaz para leer, escribir, acceder a la educación, la cultura y la información. Pronto le enseñaron que a distinguir aspectos del funcionamiento visual, como la diferencia de la agudeza y campo visual, en función de su grado; condiciones que tienen una repercusión importante en la capacidad de la persona para desenvolverse tanto en lo relativo a la vida diaria, como por ejemplo la movilidad, cuidado personal y doméstico, comunicación, y otras, como en todas aquellas situaciones que tienen incidencia en la normal participación de la persona en la sociedad, en especial la educación, el empleo, ocio, cultura, y otras.

Oscar, recibía sus apuntes por el personal de apoyo psicosocial, objetivo de la Once como servicio que le proporcionaba una oportunidad para aprender a vivir con la ceguera, ayudándole a buscar soluciones y estrategias para afrontar de manera adaptativa tales situaciones y cambios. A los dieciocho años, comenzó a vender cupones en la calle Recogidas de Granada, y posteriormente en Albolote, su pueblo natal, y en otros lugares, consiguiendo hacer de su esfuerzo laboral, un trabajo que le apasiona, ofrecer una ilusión de conseguir premios en metálico a la ciudadanía a la vez que ayudan a crear puestos de trabajo a personas con discapacidad. Además durante años, los psicólogos de su organización le han proporcionado el asesoramiento y entrenamiento necesario en habilidades para afrontar el estrés, a saber manejar la ansiedad, el control de pensamientos negativos, competencia social, habilidades de solución de problemas, y el hecho de tener un refuerzo de la autoestima, para luchar y dejar a un lado tantas y tantas dificultades que los invidentes y por ende las personas con discapacidades se encuentran en la vida misma.

La ceguera y la deficiencia visual constituyen hoy en día realidades particularmente complejas cuyo conocimiento ha adquirido una dimensión claramente interdisciplinar. Su atención desde los servicios sociales y, educativos especializados requiere la actuación coordinada de profesionales altamente cualificados: pedagogos, profesores, psicólogos, maestros, técnicos en rehabilitación, instructores de tiflotecnología, animadores socioculturales, trabajadores sociales, monitores deportivos, etc., que, a través de su práctica y experiencia profesional, enriquecen la base de conocimientos sobre la discapacidad visual, a la vez que demandan su actualización permanente. Este vendedor de cupones que consiguió la adjudicación de un quiosco de venta de la Once en la calle principal de Albolote, tuvo claro desde que era pequeño, que vivimos en un mundo de estrés, en el cada uno va a lo suyo en esta vida.

Y por eso, pronto aprendió informática, y tiene su correo electrónico, viaja por internet, a pesar de no ver nada, pero lo hace gracias al programa que lee en voz alta, lo que le sale en las pestañas, por lo que se comunica con la gente como cualquier internauta. Se siente “psicólogo”, ya que ha tratado siempre de alejar la idea a la gente en general, de que lo vean por la calle como un bicho raro, pues se considera como otra persona normal, y no le gusta dar lástima, sino todo lo contrario, lucha por una integración total, y cree que la ha conseguido, hace tiempo, pues tiene su grupo de amigos, y amigas, y no envidia nada a nadie. Oscar dice que la vida misma le ha enseñado a valorar a las personas, precisamente por la condición de ser invidente. El ser “ciego” de nacimiento le ha dotado de un sentido especial para analizar y fijarse más en el interior de los humanos, y no ver solo el físico o lo material, sino que él va más lejos, y profundiza en el interior de las personas, en su forma de ser, y en su carácter, lo que le ha hecho ser más psicólogo entre comillas, de todos sus amigos y conocidos. Por eso se considera “un psicólogo de la vida y de las personas”, ya que las analiza de forma rápida, casi inmediata, por la gran experiencia que tiene durante años del trato con la gente en la venta de cupones y productos de la Once. Oscar intenta que le ayuden lo menos posible, aunque reconoce que cuando necesita saber algo o aclarar algún problema, lo consulta y pide asesoramiento.

Pero la alegría de su vida, son sus perros guías. Su perro-guía, llamado Xaul, se lo entregó la Once hace unos siete meses; ya su primer perro llamado “Glaser”, se ha jubilado este año, y está muy mayor. “Glaser”, que vive en sus casa con él, se lo dieron hace siete años, y el nombre ya le venía en la documentación oficial del perro-guía. Es un perro de raza labrador, de color negro, que durante estos últimos siete años ha sido sus pies y sus manos. El perro, son sus ojos, y desde hace años, se puso sus métodos en casa, para ser autosuficiente. Se ha creado sus trucos, para saber donde están colocadas las cosas, y por supuesto eliminó de entrada todas las posibles barreras que le podían poner en peligro, y que la podían causar algún problema.

Ahora sus movimientos mecánicos y calculados, le hacen ser en casa una persona normal que se puede valer por sí misma, pero reconoce que ha pasado mucho, hasta aprender y controlar, como, donde, para qué y porqué coloca las cosas de una manera u otra, con el objetivo de saber por dónde anda, y por donde andar para llegar a todas partes, y todos sus enseres y necesidades. Al vivir en su casa, y ser soltero, el tema de la comida lo tiene solucionado por sus progenitores y familiares. Ahora, con una edad cercana a los treinta, intenta integrarse en un amplio sentido en todos los aspectos sociales de sus pueblo y ciudad, aunque confiesa que no le gusta mucho ir a las discotecas ni a los pubes, pero sale a darse una vuelta con sus amigos y amigas, con los que habla mucho y sobre todo analizan cosas de la vida en general, y llegan a reflexiones importantes de los avatares que hoy en día existen en la sociedad, los problemas, y las cosas buenas, como el cine, el fútbol, y esas películas que desde hace tiempo puede escuchar y le describen a los “ciegos” en la televisión española.

Lo que más le gusta además es el hecho de contrastar experiencias con otras personas con su mismo problemas, ya que aprende mucho de los demás, y Oscar en este sentido, no solo es receptivo, sino que se implica en cursos de formación socio laboral de la Once, y otras acciones formativas, y reuniones grupales a los que asiste que ya no solo son te tipo laboral, sino cultural, deportivo, de amistades y de ocio. Dice que es muy bueno juntarse con todo el mundo, y ser una persona abierta, lo que ha aprendido y tiene claro. También, tiene claro que algún día se quedará solo, pues morirán sus padres, y este extremo, ya no le preocupa demasiado, pues se ha preparado como dice él, “buscándome la vida, ciego perdido, y sin ver nada, pero saliendo al paso de todo, o saco de todo”.

Cuando pide ayuda, lo agradece enormemente, pero insiste en que la necesidad imperiosa en su vida está en saber, aprender, y organizarse, para poder valerse por uno mismo, y con sus perros-guía, aquí está la clave, puntualiza, Oscar. Sabe los derechos y obligaciones para que un usuario de perro-guía pueda acceder a todos los establecimientos públicos y medios de transporte, siendo preciso cumplir con todas las obligaciones higiénico-sanitarias requeridas por la normativa vigente y, en consecuencia, las graves sanciones para aquellos locales o transportes públicos en los que se impida el acceso a los usuarios de perros-guía.

Oscar Linde, con cariño le ha enseñado a mucha gente cosas con respecto a su perro-guía, como que nunca se debe distraer a un perro-guía cuando está trabajando, ni se le debe ofrecer comida; siendo importante que la gente sepa que nadie debe sentir temor ante un perro-guía, pues son animales dóciles y muy bien educados. A otras personas que van con sus perros por la calle, Oscar les dice que no dejen suelto a su perro cuando se acerquen a él, y a cualquier persona con discapacidad visual que está en la vía pública con su perro-guía, ya que pueden provocar algún accidente. También Oscar aclara a sus amigos y conocidos, que nunca toque el arnés de un perro-guía, y que sólo debe hacerlo el “ciego”. Todas las personas con discapacidad visual acompañadas de perros-guía tienen garantizado, mediante disposiciones legales, el acceso a los lugares, alojamientos, locales y transportes públicos. Para Oscar, los perros-guía son animales amistosos, y requieren atención y afecto, y si no están trabajando, agradecerán cualquier muestra de simpatía y cariño.

Accesibilidad

Para este vendedor de la Once de Albolote, Oscar Linde, el tema que siempre ha sido una constante en su vida es la accesibilidad, como factor clave para la inclusión social, ya que argumenta a este periódico que, que la gente crea muchas veces los problemas, pues no son conscientes de que el simple hecho para algunos de dejar estacionado un coche encima de la acera, acarrea un grave problema para los invidentes y otras personas discapacitadas, que tienen que utilizar la calzada, con riesgo de será atropellados, para seguir su camino. Además, la masa de gente siempre va corriendo, sobre todo en grandes ciudades, y no respetan ni les importa en absoluto en la práctica totalidad de los casos, que haya muchas personas con dificultades, que se encuentran esos obstáculos creados por los humanos, para poder seguir adelante, como cualquier persona, y con los mismo derechos que puede tener un ciudadano.

Oscar asegura que la sociedad debe de concienciarse en la necesidad de no poner barreras para que las personas con discapacidad puedan vivir al igual que todos los españoles, pues sabemos que hoy en día, nos encontramos en una sociedad con mucha movilidad y dinámica, que a la vez es compleja, muy tecnificada, y que de forma aparente ofrece a las personas, unas nuevas y más actualizadas oportunidades de desarrollo personal, con un bienestar social aparejado, y una calidad de vida adicionada. Pero, en la calle, cuando las personas con discapacidad salen al mundo, y en concreto, las personas con discapacidad visual todos estos avances y mejoras, pueden cambiarse de forma inmediata en nuevas barreras y factores de exclusión. Por esta razón, Oscar Linde, insiste en que es sumamente imprescindible, que todo lo generado por el avance social sea accesible al colectivo de invidentes, y por ende al de los discapacitados en general.

Como ejemplo pone en primera fila de atención para su mejora, los sistemas de comunicación, los edificios, las viviendas, las instalaciones hoteleras, los edificios culturales, las instalaciones deportivas y todos aquellos lugares de ocio, además de las oficinas municipales, comerciales, y de servicios básicos, e incluso negocios como los talleres, tiendas, clínicas, y comercios en general. La idea, para Linde Fernández, es que poco a poco, toda esta larga lista pueda ser usada por todos los ciudadanos, en general, para un disfrute genérico, y en especial lugar por las personas con discapacidad visual, en particular. La accesibilidad hoy en día es uno de los mayores retos con los que se enfrenta la sociedad, asegura Oscar Linde, siendo un indicador claro del progreso y del desarrollo social alcanzados, pero no sólo se trata de intervenir sobre la persona, sino también en su entorno, y en qué medida la comunidad es accesible para la persona, facilitando su autonomía personal y su normalización, a la vez que debe asegurar el ejercicio de sus derechos como ciudadano.

Por esta razón Oscar se siente orgulloso de pertenecer a la ONCE, pues es la organización que está desarrollando desde hace muchos años, diferentes iniciativas tendentes a la definición de estándares de accesibilidad, estrategias de difusión y actividades de formación y asesoramiento para su incorporación por los diseñadores de entornos y los desarrolladores de bienes, productos y servicios, como accesibilidad del entorno que deben reunir los espacios naturales y construidos, los medios de transporte, los sistemas de comunicación, los productos y los servicios, para su utilización y disfrute por todas las personas, con independencia de sus condiciones físicas, psíquicas o sensoriales, en condiciones de seguridad, comodidad y autonomía.

Oscar puntualiza que para las personas con discapacidad visual hay que tener en cuenta el análisis y las mejoras del entorno, con el objeto de trabajar en la realización de diseños con tecnologías adaptadas para las personas con discapacidad. A la vez que mejorar los aspectos que contribuyen a facilitar la autonomía, como la visión, la audición, táctil, adaptación de las ayudas técnicas y los recursos para la realización de las actividades cotidianas, incorporando a los diseños de electrodomésticos y de nuevas tecnologías, las adaptaciones que permitan el uso a todas las personas, independientemente de sus capacidades, así como la eliminación de riesgos y adecuación de los diseños, en los que se debe garantizar la supresión de las limitaciones funcionales y procurar una accesibilidad integral que comprenda aspectos urbanísticos, de transporte y de comunicación. También, las buenas prácticas en la accesibilidad, para garantizar las mismas oportunidades de participación para todas las personas, que deben tener la posibilidad de utilizar cualquier parte del entorno construido con autonomía. Las tendencias deben dirigirse a crear entornos que integren las medidas que permiten la utilización de las instalaciones por todos.

 

Oscar Linde hace un gesto de victoria junto a su perro guía - Fotografía de Antonio Mansilla

Oscar Linde hace un gesto de victoria junto a su perro guía – Fotografía de Antonio Mansilla

No sería lo que soy sin la ONCE

Oscar no sería lo que es ahora, una persona normal, pero con una discapacidad, sino fuese por la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), que desde que era pequeño ha estado a su lado, intentado hacer lo posible por mejorar la calidad de vida y la inclusión social de Oscar Linde y de todas las personas ciegas. Oscar aprendió a vivir sin la vista y a desenvolverse autónomamente, haciendo una vida lo más normal posible, salvando de la mejor forma, los problemas arquitectónicos a los que se enfrentaba al moverse en la vía pública y en la calle en sí, esta su vida en penumbra. Oscar aprendió a orientarse, a desplazarse y a moverse y no caerse, a saber dónde está en todo momento, y sobre todo a saber por dónde se iba desplazando, y a saber la guinda del “ciego” que es saber el lugar o sitio al que se quiere llegar.

También le enseñaron y aprendió con rapidez a desenvolverse con el bastón blanco y largo de movilidad, y dentro de la rehabilitación un entrenamiento para saber más habilidades en el día a día, teniendo siempre presente que se debe de aprender a materializar todas las acciones que las personas no invidentes o ciegas, hacen en su vida, pero con el condicionante que les diferencia, el hecho vital de no ver. Oscar asegura que con sus trucos y técnicas para cada cosa que hace, le hacen ser ordenado en el método. Destaca que por ejemplo los electrodomésticos le gusta que tengan botonadura porque es más fácil hacer el cambio de posición, y también en la secadora, lavadora, horno o microondas, que en muchos casos tienen pegada una etiqueta que está escrita en braille.

Oscar, aconseja a todo el mundo invidente y discapacitado o deficiente visual, y otros, a poder afrontar la situación con esfuerzo, e ilusión y afán de superación. La educación es un aspecto fundamental en la vida de un niño o un joven y ser ciego no tiene que ser un problema para conseguir sus sueños y metas. Para Linde, en la actualidad, y dada la creciente importancia de los recursos didácticos digitalizados, desde la ONCE se está trabajando, en colaboración con otros organismos, para favorecer la accesibilidad del alumnado con ceguera o deficiencia visual. Fruto de este trabajo ha sido la elaboración de una serie de pautas que sirven de guía y referencia para todos aquellos profesionales implicados en el diseño y desarrollo de estas plataformas y entornos educativos, de forma que sean accesibles y utilizables por los alumnos con cualquier tipo de discapacidad visual. El acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y a la información digital es un derecho de todos y es posible gracias a los dispositivos informáticos y las adaptaciones que realiza la ONCE para las personas ciegas o deficientes visuales.

La ONCE provee de los instrumentos y materiales específicos necesarios para que las personas ciegas o deficientes visuales desempeñen las tareas inherentes a su puesto de trabajo en igualdad de condiciones que el resto de los trabajadores, con profesionalidad, eficiencia y productividad. Estos recursos tecnológicos incluyen desde monitores de ordenador TFT de 19”, software específico, escáner para documentos, tele-lupas… En todo momento los afiliados, en función del puesto de trabajo a desempeñar, son asesorados sobre las adaptaciones que mejor cubren sus necesidades particulares de acceso a la información en su puesto de trabajo, así como, del uso más eficaz de las mismas.

A Oscar Linde, le gusta mucho el programa de acceso al Patrimonio cultural y natural se busca que, en la visita a estos centros, tanto por motivos de estudio como de simple disfrute del tiempo libre, la discapacidad visual no constituya una barrera insalvable. Para lograrlo, se llevan a cabo una serie de actuaciones adaptadas a cada caso y orientadas a conciliar dos principios básicos: las personas ciegas necesitan tener un contacto directo con los objetos para facilitar su exploración a través del tacto, y que, a la hora de programar contenidos, ha de tenerse en cuenta la conservación de los materiales. En todos los casos, estas intervenciones siempre parten de un proyecto de accesibilidad previo, donde se valoran y estudian las medidas a tomar, para que sean realmente efectivas, y se desarrollen en el marco de un convenio de colaboración, donde quedan especificadas las intenciones de ambas instituciones, detallándose los compromisos que se adquieren, así como las actuaciones que asume cada una de ellas.

Por su parte, la universidad y la comunidad científica, en su acercamiento a la discapacidad visual desde la investigación o la docencia, producen, y también necesitan, de información y conocimiento basado en la evidencia empírica y la práctica profesional contrastada. Por último, las propias personas con ceguera o deficiencia visual, sus familiares o allegados, los profesionales que les atienden en la comunidad, o los ciudadanos, en general, demandan una información verificada y eficaz sobre los diferentes ámbitos asociados a la discapacidad visual: rehabilitador, educativo, laboral, tecnológico, social, psicológico, cultural…Por ello, la Once realiza una importante difusión y edición de libros y revistas sobre discapacidad visual, como son el “Catálogo de Publicaciones” y las revistas “Integración” y “Entre dos mundos”, que se pueden consultar, descargar o adquirir desde esta web. Asimismo, la Organización ofrece información y orientación bibliográfica sobre los diferentes aspectos de la discapacidad visual

Tecnologías y la “info-exclusión”

El vendedor de la Once del quiosco de la calle Granada de Albolote, asegura que el auge que ha experimentado el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones en España, ha generado un cambio sustancial en la forma de producir, gestionar y acceder a la información; y con demasiada frecuencia, cuando se genera una información, no se piensa en si el formato o el procedimiento utilizado para su difusión será adecuado para que todas las personas puedan acceder a su contenido.

Es entonces cuando se corre el riesgo de la “info-exclusión”, término que, desgraciadamente, se ha tenido que acuñar para alertar del peligro que corren determinados sectores que, por su discapacidad o incluso por factores culturales, quedan marginados de la actual sociedad de la información. Por otro lado, según Linde, en el caso de las personas con ceguera total o que no poseen un resto visual funcional para la lectura, este riesgo de exclusión puede ser mayor si no disponen de un código alternativo de acceso a la información como puede ser el sistema braille.

La Once, ha asumido el compromiso de garantizar a los afiliados que así lo requieran, el aprendizaje del braille, y al conjunto de todos ellos, su acceso, formación y manejo de las tecnologías de la información adaptadas para personas con ceguera y deficiencia visual conocidas como Tiflotecnología. Esta autonomía se traduce en unas mayores y mejores opciones culturales, educativas, laborales, recreativas, etc.

 

Agradecemos a Antonio Mansilla, lector de Cuentamealgobueno de Albolote (Granada), que haya compartido esta historia con nosotros.