Los simios comparten la capacidad humana de imaginar
Primer estudio que demuestra que la capacidad de fingir no es exclusiva de los humanos
Investigadores de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) han demostrado por primera vez que los simios pueden usar su imaginación y jugar a fingir, una capacidad que se creía que es exclusiva de los humanos.
Así lo explican en un estudio publicado este jueves en la revista ‘Science’. La investigación se basa en una serie de experimentos similares a una fiesta de té.
De manera consistente y robusta a lo largo de tres experimentos, un bonobo interactuó con tazas de jugo imaginario y tazones de uvas imaginarias, desafiando suposiciones largamente sostenidas sobre las habilidades de los animales.
Los hallazgos sugieren que la capacidad de comprender objetos imaginarios está dentro del potencial cognitivo de, al menos, un simio cultivado y probablemente se remonta a entre seis y nueve millones de años, concretamente a los ancestros evolutivos comunes de los humanos.
“Es realmente revolucionario que su vida mental trascienda el presente”, apunta Christopher Krupenye, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Universidad Johns Hopkins, quien añade: “La imaginación se ha considerado durante mucho tiempo un elemento crucial de la condición humana, pero la idea de que quizá no sea exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora”.
Krupenye subraya: “Jane Goodall descubrió que los chimpancés fabrican herramientas y eso condujo a un cambio en la definición de lo que significa ser humano y esto también nos invita a reconsiderar qué nos hace especiales y qué vida mental hay ahí fuera entre otras criaturas”.
Simios tomando el té
A los dos años, los niños humanos pueden participar en situaciones imaginarias, como tomar el té. Incluso a los 15 meses, los bebés muestran cierta sorpresa al ver a una persona ‘bebiendo’ de una taza después de fingir que la vaciaban.
No se han realizado estudios controlados sobre simulación en animales no humanos, a pesar de varios informes anecdóticos de animales que aparentemente adoptan conductas de simulación tanto en estado salvaje como en cautiverio.
Por ejemplo, en la naturaleza, se ha observado a chimpancés hembra jóvenes cargando y jugando con palos, sujetándolos como las madres sujetarían a sus crías. Y un chimpancé en cautiverio parecía arrastrar bloques imaginarios por el suelo después de jugar con bloques de madera reales.
Krupenye y Amalia Bastos, ex becaria postdoctoral de Johns Hopkins y ahora profesora en la Universidad de St. Andrews (Reino Unido), se preguntaron si podrían probar esta capacidad de fingir en un entorno controlado.
Crearon experimentos muy similares a una fiesta de té infantil para probar a Kanzi, un bonobo de 43 años que vive en el santuario Ape Initiative (Estados Unidos) y de quien se había informado anecdóticamente que participaba en simulacros y podía responder a indicaciones verbales señalando.
En cada prueba y al estilo de una fiesta de té, un experimentador y Kanzi se enfrentaron en una mesa preparada con jarras y tazas vacías o cuencos y frascos.
Tres tareas para Kanzi
En la primera tarea, había dos vasos transparentes sobre la mesa, ambos vacíos, junto a una jarra transparente también vacía. El experimentador inclinó la jarra para verter un poco de jugo imaginario en cada vaso y luego simuló vaciar el zumo de uno, agitándolo un poco para que saliera. Entonces le preguntó a Kanzi: “¿Dónde está el zumo?».
Kanzi señaló la taza correcta que todavía contenía zumo de mentira la mayor parte del tiempo, incluso cuando el experimentador cambió la ubicación de la taza llena de ese líquido.
Por si Kanzi creía que había jugo de verdad en el vaso, aunque no pudiera verlo, el equipo realizó un segundo experimento. Esta vez, había un vaso de zumo real junto al vaso de jugo de mentira. Cuando le preguntaban a Kanzi qué quería, señalaba el de verdad casi siempre.
Un tercer experimento repitió el mismo concepto, pero con uvas. Un experimentador simuló tomar una muestra de uva de un recipiente vacío y luego la colocó dentro de uno de los dos frascos. Simuló vaciar uno de los recipientes y le preguntó a Kanzi: «¿Dónde está la uva?». El experimentador volvió a indicar la ubicación del objeto imaginario. El bonobo nunca fue perfecto, pero siempre estuvo en lo cierto.
“Es sumamente sorprendente y emocionante que los datos parezcan sugerir que los simios, en su mente, pueden concebir cosas que no existen. Kanzi es capaz de generar una idea de este objeto imaginario y, al mismo tiempo, saber que no es real”, indica Bastos.
Krupenye apunta al respecto: “La imaginación es una de esas cosas que en los humanos nos proporciona una rica vida mental. Y si compartimos algunas raíces de la imaginación con los simios, eso debería hacer que la gente cuestione la suposición de que otros animales simplemente viven vidas robóticas, limitadas al presente”.
“Estos hallazgos deberían impulsarnos a cuidar de estas criaturas con mentes ricas y maravillosas y a asegurar su supervivencia”, concluye Krupenye.
CAB/DR.
Fuente: Agencia Servimedia.




