Secuencia de Pierre Robin.

Ricardo Miró, lector de Cuentamealgobueno de Argentina, comparte con los lectores de nuestro diario de noticias positivas el trabajo que está desarrollando en el Hospital Garrahan de Buenos Aires.

El cirujano Sebastián Apa y el matemático Ricardo Miró.

El cirujano Sebastián Apa y el matemático Ricardo Miró.

Ricardo es matemático “residente” del Poder Judicial y participa ad honorem con un equipo multidisciplinario para atacar problemas pediátricos, en concreto tratan de demostrar la efectividad de una técnica para curar un extraño cuadro llamado “secuencia de Pierre Robin“, que se presenta en chicos que nacen con una mandíbula inferior que no se desarrolla y queda desplazada hacia atrás.

En casos graves, los bebés no pueden respirar, porque la lengua obstruye el conducto aéreo, y es necesario practicarles una traqueotomía, que además de exigir cuidados complejos interfiere con la adquisición del habla.

«Cuando nacen con la mandíbula muy atrás, incluso hay algunos que deben ser intubados y conectados a un respirador -explica el doctor Sebastián Apa, cirujano asistente del hospital Garrahan-. Se propusieron muchas técnicas quirúrgicas para evitar la traqueotomía. Uno de los procedimientos es la “distracción mandibular”. Se opera por dentro de la boca, se secciona la mandíbula de los dos lados y se coloca el distractor, que permite alargar el hueso un milímetro por día, de manera que la mandíbula se desplace hacia adelante».

El distractor se puede colocar de forma horizontal o vertical, e intuitivamente todo hacía suponer que, como había que “empujar” el hueso hacia adelante, lo más efectivo sería colocarlo horizontalmente. Sin embargo, Apa estaba sorprendido porque mejoraban más rápido y sin complicaciones los bebes a los que les colocaba el distractor vertical. El tema estaba en discusión en la bibliografía mundial, pero la mitad de la biblioteca apuntaba en una dirección y la otra mitad, en la otra.

«Quería medir esto matemáticamente y tratar de explicarlo -cuenta Apa-. Primero, intenté pedir ayuda en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Accidentalmente, un amigo fiscal me recomendó hablar con Ricardo Miró».

Ahí es donde entró en escena nuestro amigo matemático, ya que cuando se enteró del desafío, a Ricardo le cautivó de inmediato, y a lo largo de casi dos años ha trabajado codo a codo con Apa para encontrar una respuesta a la incógnita: ¿por qué resultaba más efectivo empujar la mandíbula hacia abajo si lo que se deseaba era que se desplazara hacia adelante?

«Cuando nos conocimos estuvimos todo un día hablando para establecer un vocabulario común», cuenta Miró, que se abocó al problema con pasión.

«Él a veces se perdía porque no entendía ciertos aspectos médicos, y yo también, porque me hablaba de arcos de rotación logarítmica y cosas como ésas», recuerda Apa.

Para su estudio, el cirujano dividió a los pacientes en dos grupos. A unos les puso el vector vertical y a otros, el horizontal, registró los resultados y los comparó con ayuda de Miró.

«No sólo comprobamos la hipótesis del vector vertical, sino que terminamos descubriendo cosas muy importantes; por ejemplo, que en esos casos la mandíbula crece en forma de rotación», agrega.

Miró recuerda que llegó a consultar obras del matemático renacentista Luca Pacioli, amigo de Leonardo Da Vinci y Sandro Botticelli. «La cara está totalmente estudiada por Pacioli. Todo. Hay observaciones interesantísimas -destaca-. Nos dimos cuenta de que cuando el aparatito tracciona para abajo, los músculos traccionan hacia adelante y hacia arriba y la mandíbula describe una espiral logarítmica, una figura que no solamente aparece en la estructura de las galaxias, sino también en las de los tornados, en las playas… En este caso, la mandíbula es como un cilindro que se abre logarítmicamente».

En el Garrahan, Apa opera a cuatro o cinco pacientes con secuencia de Pierre Robin por año. Se calcula que la incidencia mundial de este cuadro sería de un caso cada 14.000 nacimientos. Uno de los sorprendentes resultados que arrojó el estudio es que cuanto más grave es la deformación y más vertical se coloca el distractor, más rápida es la recuperación.

Por suerte, el problema puede resolverse rápido. «La “distracción” dura entre 10 y 12 días -afirma Apa-. Se deja el distractor un mes más para que solidifique. El procedimiento completo tarda uno o dos meses».

Una anomalía cuyas causas se desconocen.

La secuencia de Pierre Robin fue descrita en 1923 por un médico de ese nombre en un niño recién nacido con una mandíbula anormal, lengua grande y problemas respiratorios. Aunque hay un grupo que obedece a razones genéticas, en la mayoría de los casos sus causas no se conocen con exactitud.

En esta anomalía, la quijada inferior mantiene la lengua en una posición más alta de lo normal, de modo que interfiere con el cierre normal del paladar.

Se especula con que podría deberse a la posición que adopta el bebe en el útero materno cuando la cabeza no hace la deflexión en el momento correspondiente.

No todos los bebes que nacen con la secuencia de Pierre Robin deben ser operados. Cuando no es muy grave, el paciente puede simplemente requerir un control mientras se espera que la mandíbula se desarrolle.

Agradecemos a Ricardo que haya compartido esta noticia con los lectores de Cuentamealgobueno.com.