Consumir grandes cantidades de carne roja o procesada y grasa animal no láctea aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular o ictus. Mientras que consumir más grasa vegetal o poliinsaturada lo reduce.

Así figura en una investigación preliminar presentada en las Sesiones Científicas 2021 de la Asociación Americana del Corazón. Celebradas virtualmente como intercambio global de primer nivel sobre los últimos avances científicos, investigaciones y actualizaciones de práctica clínica basadas en la ciencia cardiovascular.

«Nuestros hallazgos indican que el tipo de grasa y las diferentes fuentes alimenticias de grasa son más importantes que la cantidad total de grasa en la dieta en la prevención de enfermedades cardiovasculares, incluido el accidente cerebrovascular». Apunta Fenglei Wang, autor principal del estudio e investigador en el departamento de nutrición de la Escuela T.H. Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard en Boston (Estados Unidos).

Inicio de la investigación

Los investigadores analizaron 27 años de seguimiento de 117.136 participantes en el Estudio de Salud de Enfermeras (1984-2016) y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud (1986-2016). Dos de los más grandes para examinar los factores de riesgo de diversas enfermedades crónicas en Estados Unidos.

Los participantes tenían 50 años de media. El 63% eran mujeres, el 97% blancos y todos estaban libres de enfermedades cardíacas y cáncer en el momento de la inscripción.

Al principio y cada cuatro años durante el estudio, los participantes completaron cuestionarios de frecuencia de alimentos. Que se utilizaron para calcular la cantidad, la fuente y los tipos de grasa en sus dietas durante el año anterior. Así, los investigadores calcularon el promedio acumulativo de los datos dietéticos a lo largo del tiempo para reflejar la ingesta dietética a largo plazo. La cantidad de consumo de grasa se dividió en cinco grupos o quintiles.

En el estudio, la carne roja total incluyó carne de vacuno, cerdo o cordero como plato principal, en sándwiches o platos mixtos, y carnes rojas procesadas. Éstas incluían tocino, salchichas, mortadela, perritos calientes y salami, entre otras.

Más de 6.000 participantes

Durante el estudio, 6.189 participantes tuvieron accidentes cerebrovasculares. Incluidos 2.967 accidentes cerebrovasculares isquémicos (causados por un coágulo que corta el flujo sanguíneo a parte del cerebro). Y 814 accidentes cerebrovasculares hemorrágicos (provocados por un sangrado de vasos en el cerebro).

Los participantes en el quintil más alto de consumo de grasa animal no láctea tenían un 16% más de probabilidades de experimentar un accidente cerebrovascular que los que comieron menos (el quintil más bajo). La grasa láctea en productos como el queso, la mantequilla, la leche, el helado y la crema no se asoció con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular.

Los participantes que comieron más grasa vegetal y grasa poliinsaturada tenían un 12% menos de probabilidades de experimentar un accidente cerebrovascular. En comparación con los que consumieron menos.

Recomendación: reducir la grasa animal

Aquellos que consumían una porción más de carne roja total todos los días tenían un riesgo 8% mayor de accidente cerebrovascular, y quienes tomaban una porción más de carne roja procesada tenían un riesgo 12% mayor de accidente cerebrovascular.

«Con base en nuestros hallazgos, recomendamos al público en general reducir el consumo de carne roja y procesada, minimizar las partes grasas de la carne no procesada si se consume y reemplazar la manteca de cerdo o sebo (grasa de vacuno) con aceites vegetales no tropicales como el aceite de oliva, el maíz o los aceites de soja en la cocina para reducir su riesgo de accidente cerebrovascular», subraya Wang.

Por su parte, Alice H. Lichtenstein, profesora de ciencia y política de nutrición en la Universidad de Tufts en Boston (Estados Unidos), subraya que “muchas carnes procesadas son altas en sal y gradas saturadas, y bajas en grasa vegetal”. Y que la investigación muestra que “reemplazar la carne procesada con otras fuentes de proteínas, particularmente fuentes vegetales, se asocia con tasas de mortalidad más bajas”.

«Las características clave de un patrón de dieta saludable para el corazón son equilibrar la ingesta de calorías con las necesidades calóricas para lograr y mantener un peso saludable, elegir granos enteros, proteínas magras y de origen vegetal y una variedad de frutas y verduras, y limitar la sal, el azúcar, la grasa animal, los alimentos procesados y el alcohol”, resume Lichtenstein.

Fuente: Agencia Servimedia

CAB/AR