El organismo científico español obtiene dos proyectos Pathfinder Challenges del Consejo Europeo de Innovación

Buscan aplicar robótica, inteligencia artificial y biología vegetal a dos de los mayores retos de nuestra época: el acceso a la vivienda y la seguridad alimentaria ante el cambio climático

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha dado un paso decisivo hacia la innovación tecnológica aplicada al bienestar social. La institución ha obtenido dos proyectos Pathfinder Challenges del Consejo Europeo de Innovación (EIC), un instrumento financiero de la Unión Europea diseñado para transformar ideas radicalmente nuevas en tecnologías con potencial disruptivo.

Ambas iniciativas abordan retos estratégicos de primer orden: la automatización de la construcción de viviendas sostenibles y el desarrollo de cultivos agrícolas más resilientes frente a la sequía y la escasez de nutrientes.

 

Microfactorías robóticas para construir el futuro de la vivienda

El primero de los proyectos será liderado desde el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc-CSIC) por los investigadores José Luis García y Marta Castellote. Su objetivo es desarrollar una plataforma integrada para automatizar la construcción de viviendas sostenibles mediante microfactorías robóticas instaladas directamente en la obra.

La propuesta combina grúas semiautónomas, robots móviles y sistemas de colaboración segura entre humanos y máquinas. A esto se suma un sofisticado ecosistema digital basado en gemelos digitales —réplicas virtuales del entorno de trabajo— y un secuenciador adaptativo que coordina en tiempo real las tareas de operarios y robots.

Este enfoque responde directamente a la creciente demanda de vivienda asequible en Europa, un problema estructural que requiere soluciones que reduzcan costes, aceleren los tiempos de ejecución y minimicen el impacto ambiental del sector de la construcción.

La automatización y digitalización constructiva se consideran claves para avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles, especialmente en un contexto de escasez de mano de obra cualificada y de urgencia climática que exige edificios de menor huella de carbono.

 

Biología vegetal e inteligencia artificial para salvar los cultivos

El segundo proyecto está encabezado por Ana Conesa, investigadora del CSIC en el Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SysBio-CSIC-UV). Su trabajo se centra en mejorar el trigo frente a la sequía y la falta de nutrientes, aprovechando un mecanismo natural propio de las plantas: las vesículas extracelulares, pequeñas partículas que las raíces liberan al suelo para comunicarse con los microorganismos de su entorno.

El equipo investigará las moléculas contenidas en estas vesículas y su influencia sobre el microbioma del suelo, con el fin de combinar biología vegetal, microbiología, inteligencia artificial, mejora genética avanzada y diseño de biofertilizantes inteligentes de base biológica. Esta iniciativa propone un cambio de paradigma en la agricultura: pasar de prácticas intensivas en insumos químicos a un modelo que aprovecha los propios mecanismos naturales de las plantas, produciendo alimentos de forma más sostenible, resiliente y respetuosa con el medio ambiente.

La relevancia de esta línea de investigación es especialmente notable en el sur de Europa y el área mediterránea, donde el cambio climático está intensificando las sequías y la degradación de los suelos, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas.

Trigal de agricultura regenerativa en la Ribera del Duero | Foto de Servimedia/E. Fdez.

Trigal de agricultura regenerativa en la Ribera del Duero | Foto de Servimedia/E. Fdez.

 

El EIC: motor de la innovación profunda en Europa

Ambos proyectos se enmarcan en el programa Horizonte Europa (2021-2027), el mayor programa de investigación e innovación de la Unión Europea. El Consejo Europeo de Innovación (EIC) nació como una de sus principales novedades, con la misión de identificar y escalar tecnologías disruptivas con alto impacto social y económico.

Su trayectoria desde 2021 avala su eficacia: el impacto acumulado del EIC entre 2021 y 2025 incluye más de 2.600 millones de euros en coinversión privada, decenas de escalados empresariales y miles de alianzas con corporaciones, compradores públicos e inversores. Un ecosistema que convierte la investigación científica en innovación real y competitiva.

Para sacar el máximo partido a este programa, el CSIC ha creado recientemente el Programa Pro-EIC, una iniciativa interna destinada a impulsar la participación de la institución en estas convocatorias de innovación orientada a la transformación social. Con estos dos nuevos proyectos, el CSIC reafirma su papel como referente científico europeo y como actor clave en la búsqueda de soluciones tecnológicas a los grandes desafíos de nuestro tiempo.

 

CAB/DR.

Fuente: Agencia Servimedia.