Ahora que todo pretendemos tenerlo medido, hasta el grado de felicidad de una ciudad; sin embargo, no prestamos ATENCIÓN a otros parámetros importantes, que agrandan o disminuyen nuestras dimensiones.

Cada cualidad humana funciona con sus propios RITMOS, modificadas también por las características generales de cada persona. Las vibraciones de la ternura son pausadas y los discernimientos de un piloto o de un cirujano pueden exigir inmediatez.

Con respecto a la ALEGRÍA brota de por sí con una rapidez inusitada. Los trabajos previos para llegar a ella no desmienten su agilidad, funciona a borbotones y su duración suele parecernos siempre breve.

La DURACIÓN de sus efectos suele transformarla en disfrute, satisfacción, comodidad o una ligereza riesgosa; fases acomodaticias de las que podemos salir malparados, desdibujando los buenos principios.

En cambio su ritmo veloz facilita la aparición de los BROTES, dándole un carácter contagioso; siendo ambos factores muy convenientes para los ambientes actuales.

Si criticamos la velocidad en tantas cuestiones, en esto provoca unos ALIENTOS esenciales para el abono de las relaciones entre las personas.