• El 30 de noviembre se conmemora el año desde la aprobación por el Congreso colombiano del Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.
  • Aún hay mucho trabajo por hacer, hay que atender a los 4,9 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria en el país.
  • La mayor parte (2,27 millones) son comunidades rurales hasta hace muy poco tiempo controladas por la FARC y comunidades de acogida.

El jueves que viene, día 30 de noviembre, se conmemora el año desde que el Congreso colombiano aprobara el Acuerdo General para la terminación del conflicto entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la construcción de una paz estable y duradera.

El acuerdo de paz, que fue firmado el 24 de agosto de 2016, se firmó en Cartagena, ciudad que se engalanó de blanco para acoger este evento histórico que supuso el compromiso de paz y de dejar atrás 52 años de guerra.

Un año después, la ONG Acción contra el Hambre nos recuerda que aún hay mucho trabajo por hacer: «Aunque la comunidad internacional y muchos colombianos en las grandes urbes dan por cerrado el capítulo más doloroso de la Historia reciente del país lo cierto es que los retos que afronta el país en los próximos meses y años son enormes: el Estado no ha llegado todavía a amplias zonas antes controladas por la guerrilla y que siguen careciendo de servicios básicos, al tiempo que las enormes expectativas levantadas por el proceso van desinflándose», explicaba ayer por la mañana en un encuentro informativo el director general de Acción contra el Hambre, Olivier Longué.

Longué acaba de llegar de Putumayo, región al sur del país y que era una de las zonas hasta hace poco meses controlada por las FARC. «No podemos relajarnos ahora. El Nobel de la Paz fue un reconocimiento mundial del proceso y hay que seguir manteniendo su espíritu y la esperanza que levantó a todo el mundo para apoyar a Colombia», añadía.

«En el lado positivo tenemos que hablar de la reducción paulatina de los desplazamientos —en 2016 ya fueron solo una cuarta parte de los 250 000 que hubo en 2014—, aunque sigue existiendo un goteo provocado por otros grupos armados o criminales que están ocupando el espacio dejado por las FARC. También hay que poner en valor el empeño del Gobierno y de gran parte de la población por caminar firme e inexorablemente hacia la paz», explicaba Longué.

“La construcción de la paz lleva tiempo”

«Las organizaciones humanitarias sabemos bien, por nuestra experiencia en otros muchos conflictos y post-conflictos, que la construcción de la paz lleva tiempo, y que tras los papeles sellados con pompa empieza un complejo camino para pasar de dinámicas de guerra a una economía y una sociedad paz, para reconciliar a pueblos que acumulan años de dolor y rencor… pero este país ya nos dio un ejemplo muy positivo con la desmovilización del M19 a principios de los 90 y confío firmemente en que conseguirá también cerrar esta herida», añadió, tras recordar que esta ha sido, en realidad, la guerra solo de una parte de Colombia: «una gran parte desconectada, olvidada, rural, en zonas muchas veces recónditas como la selva amazónica».

Sería un grave error que la comunidad internacional relajase su apoyo a Colombia en este momento: «Es necesario acompañar de forma neutral el proceso de paz, hay enormes sensibilidades todavía a flor de piel, que necesitarán de una mirada externa. Se necesita también inversión económica —a julio de 2017 solo se había cubierto el 35% del llamamiento humanitario de 117,3 millones de dólares solicitados por las Naciones Unidas, entre ellos tres millones aportados por el Gobierno español— y es necesario sensibilizar a los ciudadanos, convencerles de que es posible materializar la paz», explicaba Longué.

El rol de las organizaciones humanitarias

Por su parte la responsable geográfica de Acción contra el Hambre para América Latina, Benedetta Lettera, aseguraba que las organizaciones humanitarias siguen siendo muy necesarias: «no solo para cubrir las necesidades básicas en materia de agua, alimentación y refugio de cinco millones de colombianos, sino por nuestro rol de vigilancia humanitaria y protección. Queremos destacar que una organización como Acción contra el Hambre, que trabaja en el país desde 1998, cuenta con un reconocimiento por parte de las comunidades confinadas con el que aún no cuentan las instituciones estatales, por lo que podemos y queremos acompañar el proceso hasta el final»

«El desarrollo rural —añadía Longué— es, de hecho, uno de los puntos más importantes de la agenda de paz y presenta retos de calado como el desminado de campos o la sustitución de cultivos ilícitos. Una nueva agricultura, comercio… todo está por construir, incluido el futuro de los 15.000 guerrilleros desmovilizados o de los millones de desplazados que podrían optar por no retornar a sus lugares de origen y buscarán una vida mejor en las ciudades», añadía Longué.

Los desastres naturales relacionados con el cambio climático (más de un millón de desplazados en el país lo son por los desastres naturales) y la crisis en la frontera con Venezuela son otros dos retos humanitarios que habrá que afrontar en los próximos meses.

El trabajo de Acción contra el Hambre en Colombia

Acción contra el Hambre es una organización humanitaria internacional que lucha contra las causas y los efectos del hambre. «Salvamos la vida de niños y niñas desnutridos. Garantizamos acceso a agua segura, alimentos, formación y cuidados básicos de salud. Trabajamos también para liberar niños, mujeres y hombres de la amenaza del hambre».

En Colombia lleva trabajando desde 1998, con un equipo de cerca de 60 profesionales humanitarios, que ha ayudado a más de 450.000 personas con programas de agua, saneamiento e higiene, nutrición y salud, y seguridad alimentaria y medios de vida.

En España trabaja también contra el desempleo y por la inclusión sociolaboral de personas con dificultades de acceso al mercado de trabajo.