El Consejo de Ministros ha aprobado la Estrategia de Almacenamiento Energético. En ella, se pretende disponer de una capacidad total de unos 20 gigavatios (GW) en el año 2030. Contando con los 8,3 GW de almacenamiento disponibles a día de hoy, y de unos 30 GW de almacenamiento en 2050.

Así lo anunció la portavoz del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. De este modo, destacó que se trata de “un paso más en el nuevo paradigma de relación con el cambio climático y las posibilidades para nuestra economía”, además de contribuir a la Estabilización de los precios de la luz a medio plazo.

¿Por qué apostar por un nuevo sistema?

Según el Gobierno, los sistemas de almacenamiento energético son clave para garantizar la transición a una economía neutra en emisiones. Así como para una efectiva integración de las energías renovables en el sistema. Y es que estos permiten guardar la energía en los momentos en que hay excedente para utilizarla cuando el recurso renovable es escaso o la demanda es elevada.

A este respecto, el almacenamiento “permite la perfecta integración de tecnologías renovables en el sistema en lugar de tener que contar con una capacidad de respaldo equivalente a la energía renovable de la que disponemos”. Tal y como señaló la vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.

“Esta Estrategia nos coloca al frente de lo que se está haciendo en Europa. España es una isla energética, lo que nos obliga a tener que adelantarnos para cumplir nuestro compromiso con la neutralidad climática”, agrega Ribera.

Ventajas del almacenamiento energético

El almacenamiento contribuye también a la gestión de las redes eléctricas, fomenta la participación de la ciudadanía en el cambio de modelo energético y permite una mayor competencia e integración en el mercado eléctrico.

Además, el Ejecutivo valora que contribuye a la generación de empleo. Igualmente, favorece la recuperación económica y el fortalecimiento de la industria nacional. Así como el desarrollo de la I+D+i y la mejora de las oportunidades en las zonas de Transición Justa.

Asimismo, pueden usarse en la industria, que posee un fuerte potencial de autoconsumo con almacenamiento, integración energética y descarbonización de procesos que utilizan calor y frío; así como en el resto de sectores mediante aplicaciones de autoconsumo, entre otras.

Paralelamente, las tecnologías de almacenamiento favorecen el desarrollo de nuevos modelos de negocio como los agregadores independientes o las comunidades de energías renovables, que impulsan el papel activo de los consumidores al permitir su participación directa en la gestión de su energía.

La estrategia

La Estrategia de Almacenamiento Energético incluye 10 líneas de acción y 66 medidas. Forma parte del conjunto de actuaciones destinadas a alcanzar los objetivos establecidos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNniec) y en la Estrategia de Descarbonización Largo Plazo 2050.

Dichas medidas, abordan aspectos como la participación del almacenamiento en el sistema energético, la economía circular o las comunidades energéticas. Todo ello para generar espacios de participación ciudadana, o el impulso del hidrógeno renovable. También pretende impulsar el desarrollo de nuevos modelos de negocio como la segunda vida de baterías, o la formación de profesionales para profundizar en la Transición Justa. Así como el aprovechamiento del almacenamiento como base para el desarrollo tecnológico en las islas y zonas aisladas. Y por supuesto, el impulso a la I+D+i. De este modo se promueve el empleo, o la eliminación de barreras administrativas para facilitar iniciativas y proyectos.

El documento aborda todos los aspectos relativos al despliegue del almacenamiento energético.  De este modo, incluye la aparición de nuevos modelos de negocio o el papel de la ciudadanía, y tiene en cuenta los aspectos ambientales y la situación de especial vulnerabilidad energética de las islas.

De esta manera, la Estrategia cuenta con una mirada a largo plazo. Para ello analiza el sistema energético de manera integrada. Además, define una serie de medidas para el efectivo despliegue del almacenamiento energético y su plena integración en el sistema. E igualmente, identifica los aspectos en los que centrar los esfuerzos de investigación y desarrollo para disponer de las tecnologías necesarias.

Distintas tecnologías de almacenamiento energético

El documento identifica un amplio abanico de tecnologías de almacenamiento. Cabe señalar, por su madurez, las centrales hidráulicas de bombeo. Estas permiten impulsar el agua para almacenarla en depósitos a gran altura y liberarla para producir electricidad cuando hay alta demanda.

Asimismo, destacan también las baterías, que son especialmente relevantes tanto por su aplicación en movilidad eléctrica como en sistemas de autoconsumo para viviendas o negocios, donde, en combinación con placas solares, permiten almacenar la energía sobrante para utilizarla en los momentos en los que no hay sol. Además, es relevante su aplicación a gran escala mediante la hibridación con plantas de generación renovable.

En este sentido, destacan también los sistemas de almacenamiento térmico. Estos tienen su aplicación, entre otras, en las centrales termosolares, donde se almacena calor en tanques de sales fundidas a alta temperatura para posteriormente emplearlo en la producción de electricidad. La capacidad de almacenamiento que aportan las centrales termosolares permite adaptar la producción a la demanda (gestionabilidad) y reducir los vertidos renovables.

Por último, entre los sistemas de almacenamiento más innovadores destaca el hidrógeno renovable. El cuál desempeñará un papel clave en la reducción de las emisiones de sectores difíciles de descarbonizar. Así como de procesos industriales de alta temperatura o de múltiples medios de transporte convencionales, que van desde los vehículos ligeros a los pesados, autobuses o trenes.

Fuente: Agencia Servimedia

CAB/AR