Nadie le concedió permiso alguno, tampoco hicieron falta solicitudes e instancias; los trámites no complicaron las expresiones particulares. La ESPONTANEIDAD de la Salvia surgió como una fiesta de la Naturaleza. Una sencilla presentación de credenciales.

Ingenierías subyacentes

La prestancia de sus  pétalos, estambres, sépalos y pistilos, no saben de pactos, encubrimientos o perfidias. Manifiestan su PRESENCIA en un auténtico estallido maravilloso, sin alardes, ejerciendo sus cualidades.

Nada relacionado con la exigencia de los pedestales, alejados de los cargados salones del orgullo y la prepotencia. Las hojas acompañan con la liberación de sus aromas mentolados. La DIGNIDAD del conjunto no exige compensaciones tendenciosas.

Todo un canto a la naturalidad como vestimenta preciosa,

inigualable; en su elegancia confrontada con los desdenes, arabescos y parafernalias, de muchas pujancias y menos enjundia.

Curioso, el mercadeo no sirve en su trato. SER o NO SER, una vez más.