Michael Laufer y su proyecto Four Thieves Vinnegar

Enseñando a los ciudadanos a fabricar sus propios medicamentos

«Impedir el acceso de los medicamentos a los pacientes en peligro de muerte constituye un “asesinato”»

De todos es conocido el peso e influencia que tiene la industria farmacéutica a nivel global, un “negocio” que mueve alrededor de 700.000 millones de dólares anuales.

Negocio que está en manos de unas pocas grandes empresas farmacéuticas. Por ejemplo, el año pasado más de la mitad de las ventas de medicamentos las llevaron a cabo tan sólo 10 multinacionales, que facturaron 379.728 millones de dólares.

Entre esta influencia y poder que tienen las grandes multinacionales farmacéuticas está el de poner precio a los medicamentos, algo que, si no se regula por los correspondientes estados, puede suponer que los enfermos que las necesiten tengan dificultades para adquirirlos.

Pero este oligopolio de corporaciones farmacéuticas no sólo tiene poder: también tiene enemigos. Quizá el más pintoresco de ellos sea Michael Laufer, un Dr. en Matemáticas, experto en física de partículas y anarquista que se ha propuesto enseñar a los pacientes a elaborar sus propias medicinas.

Para ello, Michael Laufer capitanea el proyecto ‘Four Thieves Vinnegar‘, un colectivo anti-sistema que se ha propuesto combatir los problemas de acceso a los medicamentos de los pacientes que carecen de seguro medico, y que ha decidido hacerlo por la vía más directa, la del “hágalo usted mismo”.

 

Medicina gratuita para todos

Laufer y su equipo exponen que ante la situación de que una gran cantidad de personas no tengan derecho a acceder a la medicina, han  desarrollado una forma para que las personas fabriquen sus propios medicamentos.

«Hemos diseñado un reactor de laboratorio automatizado de código abierto, que se puede construir con piezas de uso corriente y puede configurarse para sintetizar diferentes medicamentos. Esto salvará cientos de miles de vidas», aseguran en su página web, en la que también explican detalladamente cuál es su misión y aceptan donativos.

Según este colectivo, los principales motivos por los que las personas están viéndose privadas de su derecho de recibir medicamentos que necesitan son el precio, la legalidad y la falta de infraestructura. «Medicamentos como “Solvadi”, que cuesta 80.000 $ por tratamiento, están fuera del alcance de la mayoría de las personas. Los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, incluso cuando se brindan gratuitamente, no tienen forma de llegar a lugares remotos en países del tercer mundo».

Los diseños de estos medicamentos “open source” se publican en su Web, junto con los programas de síntesis. También tienen previsto crear un foro para que los usuarios se comuniquen y contribuyan al desarrollo del sistema. «Con el tiempo, el sistema se volverá autosuficiente, al igual que otros movimientos de fuente abierta», esperan sus creadores.

 

EpiPencil: fabrica tu propio auto-inyector de epinefrina

En el siguiente vídeo, podemos ver uno de sus logros más consistentes de Laufer y su equipo: han sido capaces de enseñar a los pacientes, a través de un medio tan popular y accesible como Youtube, a elaborar su propio dispositivo auto-inyector de epinefrina, por un precio aproximado de 30 dólares (cuando el precio en el mercado de uno de estos artefactos puede rondar los 300 euros)

https://www.youtube.com/watch?v=ldFFJRdhVs8

El uso habitual de este dispositivo es para el tratamiento de reacción alérgica aguda para evitar o detener el shock anafiláctico.

Medidas polémicas para personas desesperadas

Por supuesto, su iniciativa no está exenta de polémicas y reparos. En su sección de FAQs, este colectivo aborda la pregunta de ¿lo que hacéis es ilegal? con total rotundidad: «Sí. Sin embargo, si tú fueras a morir debido a que no puedes permitirte un medicamento o violar un copyright, ¿qué elegirías? Creemos que esto es un acto de desobediencia civil para producir nuestros propios medicamentos violando una ley de patentes. Si las infraestructuras médicas funcionaran tal y como fueron concebidas, las compañías de seguros se harían cargo de estos medicamentos y no haría falta esta tecnología. Aplaudimos a los grupos de ciudadanos y políticos de todo el mundo que han trabajado para que eso ocurra, pero hasta que lleguemos allí, hay una laguna de necesidad que nos hemos propuesto llenar».

Aunque ninguna de las grandes empresas farmacéuticas se ha pronunciado sobre este incipiente fenómeno ni han tratado de impedirlo, el carácter rudimentario y doméstico de su propuesta despierta algunos recelos en un mundo tradicionalmente acostumbrado a dejar todo lo relacionado con la medicación en manos de las compañías productoras de fármacos.

Un reportaje publicado en la web ‘Statnews‘ recoge las interesantes declaraciones de un profesor de la Oregon Health and Science University llamado Vinay Prasad, al que presentan como alguien que “no es amigo de la industria farmacológica”.

Este profesor opina en cualquier caso que es “temerario” enseñar a los pacientes a manufacturar químicamente sus propios medicamentos. Su interpretación sobre este fenómeno se resume en dos lúcidas nociones: «Son medidas desesperadas para tiempos desesperados», dice en relación al precio de los medicamentos, frecuentemente abusivo, frente a la situación de pobreza de muchos pacientes necesitados, y añade que Michael Laufer y su colectivo son «un síntoma más de la enfermedad, y la enfermedad es el precio de los medicamentos».

Por su parte Laufer considera que impedir el acceso de los medicamentos a los pacientes en peligro de muerte constituye un “asesinato” y por lo tanto, los juicios morales sobre su conducta o las implicaciones legales le parecen considerablemente menos graves.

Fuente: RT.