Un lector de Cuentamealgobueno nos envía esta bonita vivencia que experimentó en un viaje por una carretera en la que descubrió la belleza de los almendros en flor que había en ella…

Abre los ojos.

Almendros en la Carretera. Foto de "Timo"

Almendros en la Carretera. Foto de “Timo”

Hay días en que los ojos no miran tan solo, deciden ver. Hay momentos en que los pensamientos se esconden y dejan un resquicio de atención para ver lo cercano, lo inmediato.

Hoy fue un día de esos, hoy vi. Hoy hubo momentos de aquellos en que los pensamientos, las preocupaciones se sentaron al lado para ver también… ¡Sienta tan bien!

Hoy no hablo de nada trascendente por sí mismo, tan solo hablo de un momento, de unos minutos en que disfruté de un paisaje que ‘estaba puesto allí’ todos los días pero que no había disfrutado, que no había visto hasta ahora.

Os cuento. Paso por una carretera bastante a menudo y no recordaba la existencia de tantos almendros ni tampoco la hermosura que a mí me pareció que éstos, en su conjunto, tenían. Por su diversidad, por cómo aparecen, por la cantidad, por la sorpresa…

A que apareciese en mí esta visión y las ganas de contarlo, ayuda naturalmente el que estos almendros han florecido recientemente, el color entre blanco y rosa, violeta, y más… Esto fue lo que llamó mi atención hoy, está claro, estaba claro, y que hubiese un fondo de cielo azul, y que estuviese amaneciendo,…, claro.

Y es que no hubiera dicho que había almendros en esta carretera. Apenas llamó mi atención el esqueleto de todos esos árboles días, meses atrás, pero desde luego ahora sí sé que los hay.

Durante Kilómetros vi distintas perspectivas, encuadres, imágenes, todas ellas dignas de una buena foto, memorables, recordables, complementarias, antagónicas, suplementarias, distintas, casi iguales en la esencia, sencillas, naturales, bonitas,…

Escondidos, atrevidamente asomados al asfalto, grandes, pequeños, altos, desgarbados…, los hay de todas formas y situaciones, crecen en un muro, nacen casi desde las piedras, pero también en grandes campos, alineados, desordenados, a la izquierda, a la derecha,…, no, en el centro no los vi…

Cuando tuve estas sensaciones que cuento, cuando estaba ‘almendrado’ por todas partes no lo pensé, pero ahora, mientras escribo, se me ocurre que esta imagen, esta sucesión de imágenes puede ayudar a disfrutar, creo que igual que ver una película, igual que escuchar una canción, igual que compartir charla y un café.

Termino ya, poco a poco. Comparto el itinerario que me hizo disfrutar de lo que te conté recordando. Desde Jalón a Alcalalí, en Alicante.

También antes y después, en Orba, Benidoleig y Pedreguer… De aquí las mandarinas, las naranjas y los limones, entre las hojas verdes,… pero os cuento otro día; de momento miraré en estas tierras que transito las flores del almendro, de cada uno que pueda, para refrescar, para ver.

– Por Luis Alfonso Ros.